as perspectivas de recuperación de la economía mundial son inusualmente inciertas.
La fuerte caída en el PIB mundial, la producción industrial y el comercio en el cuarto trimestre de 2008, y el persistente deterioro en el primer trimestre de 2009, no tienen precedentes en los tiempos modernos.
Lo mismo ocurre respecto de la magnitud con la cual el ciclo se ha sincronizado en todo el planeta.
La fragilidad de los bancos y otras instituciones financieras complica aún más la evaluación del momento y la manera en que la recuperación cobrará forma.
Si bien existen signos incipientes de estabilización de la actividad en Estados Unidos (recuperación de la demanda de los consumidores, aumento en las ventas de vivienda, repunte del mercado bursátil) y de recuperación en China (incremento de la producción industrial, aceleración de la provisión de crédito y fuertes aumentos en el gasto público), también existen amplios indicadores de que la recesión se profundiza y extiende.
El desempleo aumenta, los precios de la vivienda continúan en descenso, lo cual añade efectos negativos sobre la riqueza.
Y, si bien ningún banco importante ha quebrado de octubre de 2008 en adelante, y muchos reportaron ganancias positivas en el primer trimestre de 2009, continúan en el orden del día las enormes pérdidas registradas (FMI 2009b), así como la reestructuración, la consolidación y la intervención gubernamenta.
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